"LADELMARTES"


COLUMNA (Filosofía, Poesia y Palabra Representada)

Cada día me invento un mundo para tratar de cambiar el mundo que me inventan. Crear es creer que de alguna forma es posible cambiar el estado de las cosas que nos rodean, es estar en la realidad con una mirada inocente.

Gracias a los amigos que viven literariamente a través de sus pinceles, a los ocho que han aceptado este juego y a quienes de otra forma hacen que ladelmartes se escriba en las falanges del aprendiz de escritor. Fernando nació en Ciudad de México, siempre gustó más de la calle que de los televisores. Paramédico desde los 15 años, es también periodista por la Universidad Autónoma de Querétaro. En Barcelona estudió un postgrado en escritura. Vivió en el Monasterio Sant Jeroni de la Murtra y pertenece al colectivo Claustro Abierto.

El aprendiz de escritor ya venía con Fernando. Desde el año 2000 comienza a escribir una columna originalmente llamada 'El silencio de mi voz', que a la postre será 'ladelmartes'. Ambos residen en Barcelona (es decir en todas partes), donde comparten historia con Mage formando un trío las más de las veces feliz.

Proyectos, Ciudad y Paisaje
Principal

ART-MIRALL / Laboratorio de Creación / Galería, Arte Gastronómico y Proyectos / Carrer Mirallers 7 08003 Barcelona

1. La bestia.

Estoy rascando el cielo con mis uñas de duda. Estoy viajando a los sueños del poder para ser su pesadilla, cansado de que entren en mis amaneceres con patológicos discursos políticos. Estoy vomitando sobre los periódicos pedazos de verdades por la indigestión de sus mentiras. Estoy rascando las costras de mis heridas de niño para no olvidar aquello que me dolía: las certezas de lo que me ha conmovido. Estoy llorando silencios de los que han acallado misiles que pretendían liberarlos de tiranos (más o menos) tiranos que quienes mandaron disparar los misiles.

Soy un devorador de banderas. Una bestia que no comprende la tierra de los panteones. Soy el estupor de los micrófonos de la sala donde se decide el siguiente objetivo en la aniquilación de las diferencias. Soy a la vez la mentira y la verdad, absurda invención de otras bestias enfermas de la obsesión de dominar.

2. A la orilla de un sueño Pienso París.

No el de la bohemia, no el de las historias del escritor que se marcha a escribir a París. Lo imagino ahora en el preámbulo de otra noche de violencia, la nocturnidad de otra batalla de una juventud en contra de todo aquello que represente la constatación de la imposibilidad de aspirar a lo que se nos vende como el ideal de vida. La ira nace de la indiferencia y el fuego se vuelve contestatario. Y el error puede estar, entre tantos factores como la complejidad misma del problema, en el doble mensaje de la inercia de nuestras sociedades: es importante aspirar a este modelo de vida, ¡pero!, pero este modelo requiere de un sobreesfuerzo para el cual no todos tienen posibilidades. Los Estados saben esto, pero siempre es más fácil echar a andar sus aparatos represores. Y detrás de la burbuja que es París, como muchas otras ciudades en el mundo, hay una masa pujando por el reconocimiento de unos derechos elementales. Ya se sabe, las burbujas como las mentiras no pueden ser eternas. Y mientras esto escribo, en una calle del mundo un adolescente estará lanzando una botella de gasolina encendida con la certeza de que tendrá más fuerza que las palabras.

3. Un cuadro no pintado He aquí la historia que imaginó el aprendiz de escritor.

Trata de la vida de un hombre inexistente, que un día fue un niño de verdad, es decir existente. Este hombre que no existe hubiera podido crecer, estudiar pintura y plasmar unas nubes blancas sobre un cielo de esperanza. Cuando fue niño ya había mirado su taller de pintor y las barbas de color rojo que le saldrían al cabo de los años, siempre le gustó la forma como caían las barbas de su tío, el pintor. Esta es la historia inexistente de un hombre que no llegó a ser hombre, que fue niño por última vez la mañana de hace un año en la escuela de Beslán. Pero esto es, sobre todo, el vacío de una bella posibilidad y la imagen de unas nubes que borró el destino disfrazado de pólvora, fanatismo y enfermos patrióticos que no entenderán lo que un niño probablemente imaginó.

4. Pies de foto (que no aparecen en la prensa).

Hoy por la mañana me levanté, ya no habrá más paseos en el coche de papá, me pregunto si papá estará vivo. Creo que no volveré a jugar a los soldados. Creo que no volveré a jugar. Creo.Aquí se venden los sueños, las postales de los fantasmas de la modernidad, las otras historias lejanas. Aquí vive un día de colores e instantáneas.

Esta es la casa que no quieres tener, y la vida que no quieres vivir: afortunadamente es nuestra y no está en venta. El miedo es líquido como el llanto de los cañones. El miedo es agua amarga disparada por el esófago hacia las entrañas, allí se estanca y explota con los bombardeos. El miedo es una pregunta sin respuesta, las lágrimas tragadas como un jarabe que no cura, “y ahora cómo hago para llegar a mi casa”.

5. Collages de taller.

Y usted a qué se dedica. Yo cada tarde cojo unas tijeras y recorto el mundo, las palabras, las historias. Luego lo mezclo todo en una mesa que no existe para inventar escenarios que no existen. De tanto observar lo que creo haber hecho yo, consigo creer que es cierto, o verdadero si se quiere ver así. Un soldado de pronto está llorando recostado sobre la luna los sueños que no ha tenido. Y Cantinflas se enamora de una mujer de otra época tocando con sus manos sus senos de papel. Chaplin boxea contra Maradona en un plató de televisión… Tengo unas tijeras mágicas para olvidar que a veces las imágenes son realmente absurdas.

6. Reflexión posterior a la siesta de un aprendiz de escritor.

Recorro las superficies de una imagen que no existe, me deslizo por la geografía de un lugar que he inventado con la imaginación. Luego ya sólo es tratar de explicar lo irreal, de traerlo a esta casita de letras e invitar a entrar a ese microcosmos llamado ficción, realidad, fragmentación de situaciones que sin pasar suceden, personas que se hacen personajes y también viceversa.

Escribir es vivir y se vive para escribir. Dice una amiga que tenemos un ángel de la inspiración. El mío, si existe, es tan real que se corta las alas para que deje de buscar pretextos y me ponga de una buena vez este verano a rasgar con las falanges la historia que me está pidiendo ser escrita.

7. Del bosque de los desaparecidos.

El juego de las ausencias y una sonrisa que no divierte: las desapariciones y los secuestros inauguran sin fiesta un escenario a cada instante. Pero de eso no se debe hablar. Es como si, desde quienes tienen la obligación de procurar la justicia, los vacíos no cupieran en las leyes que las más de las veces son vacías. La legislación no sabe cómo duele el dolor de la libertad arrancada, y no lo sabe porque la ley es un papel, un momento, un espacio, unos protagonistas. Y ser privado de la libertad es la ausencia de todo esto, la pérdida de lo palpable: el vacío del vacío.

Por esta vez no importan los motores, ni el fin de los medios. Nadie puede ofrecer lo que niega. Asco dan las banderas que se tejen con el llanto ajeno.

8. Edificios en la ventana de un tren.

Creamos para olvidar, olvidamos para crear. Pero qué presente la memoria en este proceso. Construimos palabras, edificios, imágenes, ciudades, familias, amaneceres, citas relojes y coches, afectos, manos que luego tocarán otras manos. Construimos colores, espacios vacíos que luego llenamos, necesidades y placebos, enfermedades panteones tratamientos. Construimos el movimiento, las cajas para guardar el tiempo y las llaves para abrir las cerraduras de esas cajas. Construimos lo que no existe para luego destruirlo, la paz la guerra, los discursos y los grupos contestatarios para contradecir lo que dicen esos discursos. Construimos lo vivido y la muerte por venir, las semejanzas, la mentira la verdad y la similitud entre una o la otra. Construimos demasiado. A veces olvidamos para qué.

9. El rascasueños.

A veces también es la agonía y tener las llaves de una puerta donde estás atrapado pero no saberla abrir. La cerradura que te ahoga. Las historias que te estrujan. Esto de escribir a veces es tan agotador, tan absurdamente agotador. Y te cansas de parir una historia, y te cansas de no encontrar la forma de parir una historia. O te desesperas de haber perdido una palabra en algún espacio donde estás seguro que se van a esconder las letras. Escribir sí, maravilloso, pero en ocasiones también sumamente exasperante, confuso, absorbente.

Escribir lo que te sale, no lo que creas que ha de gustar. La ciudad es un monstruo que devora monstruos que devoran ciudades.

10. Mudanzas.

Pintar el tiempo, pintarlo de colores, de irrealidades, de sueños. Romper manecillas, añorar mudanzas, volverse loco y un poco cuerdo. Dejar abiertas las puertas y las llaves del grifo. Colgarle una medalla al olvido cuando se ponga su traje de noche. Robarse las estrellas y las latas del super. Inventar mudanzas a países lejanos en barcos que llegan a puertos de pescadores. Jugar a estropearle sus versos al poeta, sus cuerdas al violinista, sus trucos al ilusionista. Hacer algo contra el tedio: aunque sea espantar a las palomas en la plaza del centro.

Encender la luz para que pueda venir el coco. Fotografiar las huellas de los que pisan el charco y gritar groserías con la almohada tapándote la cara y dejar pasar el metro en el que sabías que viajaba el hombre de tus sueños. Mojar los pies en el mar de enero con catarro y 39 de fiebre. Es decir, hacer algo.

11. Fragmentos de otra historia.

El viaje, el movimiento, la vorágine del desarraigo aunque sea momentáneo. Escapar del lugar que se ama para volver luego a odiar la rutina, y volver a amarla, y volver a necesitarla. Dar la espalda sin desprecio a la tierra, arrancarse voluntariamente de lo más certero: el lugar propio. Un tren acaricia violentamente la vía, la calienta con su roce y enseguida ya la ha olvidado, pedazos de metal que estuvieron juntos un instante.

Dentro de ese tren viajan todas las historias que viajan, destinos y partidas. Multiplicación de latidos que se disparan en infinitas direcciones, sístoles y diástoles desconocidas las unas para las otras, y sin embargo un latido que no cesa, la suma de todos los viajes y un tren que todo ello ignora pero que todo ello lleva.

12. Petición sin ánimo de lucro Hay espaldas… y espaldas.

Por ejemplo las que se despiden, su forma es un adiós; o las que se acompañan ya no codo con codo sino espalda con espalda, el gesto de protección del espejo de un abrazo; o también, porqué no, la bella espalda de una mujer desconocida, esa libreta para imaginar: pasados que son parte del porvenir. Y uno puede jugar a irla desnudando para ver si aquello que se imaginó es parecido a lo que es. O bien:Perdona -le podrías decir -me he estado imaginando tu espalda todo este rato. ¿Te importaría mostrármela? No, no quiero ver nada más, sólo la espalda, ni siquiera tocaré, mirar por mera curiosidad.

Y ante semejante proposición únicamente hay dos posibilidades, dos: que te la muestre, o que no.

13. Desnudo de Tina Modotti.

No sé, hay veces quisiera ser los alcatraces de la Modotti y poderla mirar a través de sus imágenes. Congelar al ojo que congela la existencia y dejarlo prendido a mi recuerdo. O ser un fragmento de su orgasmo explotando en la azotea de un edificio en el México de los años treinta.

Hay quien podrá dudarlo pero mi experiencia en el campo visual me ha llevado a la siguiente conclusión: aquello que enmarcan las fotografías, esa realidad que guarda la mimesis del pasado, tiene vida propia. Yo crecí, pero no el niño que abría su regalo aquel 6 de enero del 84; ése sigue jugando, conserva su risa y a veces me la devuelve, me la presta.

Cuando te miré Tina, por primera vez desnuda en la azotea el año 1924, supe que no seríamos buena pareja; porque tú estabas allí a blanco y negro realidades y yo aquí apenas de colores.

14. EZLN.

En lo subterráneo de la indiferencia, donde se anidan las esperanzas siempre al margen del progreso, viven los hombres, mujeres y niños que nacieron con pasamontañas. Los que prefieren la vida a la muerte, los que han comprobado empíricamente que es preciso empeñar la vida para escapar a la muerte. Los que palpan con los pies la tierra arrebatada y miden esa ausencia por la estrechez del horizonte de sus estómagos. Los que desayunan mañanas sin olvidar los ayunos presentes.

Hay lugares donde el pasado no pasa, sólo se va pero luego regresa, afortunadamente. Se va para los montes y vuelve trayendo noticias de otros lados y otros pueblos, donde los paramilitares o el ejército han matado a cuatro.Y entonces el pasado se queda a habitar unos días en el pueblo, se pega a las paredes como el miedo, se mete a las sonrisas de los niños, reverdece la selva con colores de dolor; luego se va para otros pueblos donde la hablan para no olvidar. Desde un espejo de letras, para los que resisten creando y creyendo en el Sur de México.

15. Yo, y el aprendiz de escritor.

Él tiene más amigos, gente que no conozco, gente que se inventa, mujeres que le aman sin pedirle nada a cambio, lugares que visita sin fronteras ni papeles ni dinero. Él viaja a los frentes de batalla a susurrarles nombres familiares a los asesinos. Otras veces me sorprende con una lágrima ajena a las pupilas de los dos. El aprendiz de escritor no entiende de razones, sólo de malabarismos. No sabe de salarios porque le bastan dos cervezas a la orilla de la playa. No conoce de mentiras porque aprendió a inventar las verdades. Prefiere las fotografías a las radiografías. Las alegrías a las medicinas. Los orgasmos a los organismos.

Yo vivo en lo cotidiano y él hace mágico lo cotidiano. Yo miro el reloj y él da vueltas sobre el tiempo para que lo vea. Yo aspiro, él se conforma. Yo cumplo cabalmente con el compromiso de mandar la columna de los martes, él la escribe sólo para complacerme.

16. Desde el bosque urbano: inventos Camino Barcelona y todo invento.

Los lugares que ya tienen nombre y que obstinadas imaginaciones me hacen volver a bautizar. Calle donde una mujer pasó frente a un hombre que no conocía y durmió en aquel balcón acurrucados por la luna. Esquina del indigente que tiene cuatro gallinas, seis gatos y tres perros. Pared donde orinamos aquella madrugada de cervezas. Plaza de los amigos una mañana de domingo. Estación de metro de las mil historias por segundo.

Hoy, desde esta columna, llamo a la rebeldía en contra de los nombres dados a los lugares de las urbes. Propongo la creatividad que nos acerque al espacio urbano. Podrás decir al taxista: lléveme al bar donde el Huesos y yo inventamos esa poesía para Ramón. Y de paso le contarás la historia de los que están renombrando la ciudad.

17. Pinches palabras.

Aquí yace el aprendiz de escritor, no permitió que le cerraran los ojos sus verdugos. Tiene los ojos abiertos, aún llenos de sueños, de imágenes y de mentiras que inventaba contra las verdades para luego convertirlas en verdades contra sus mentiras. Aquí, dos metros bajo tierra, una revolución se está gestando.

Y éste de qué murió. Nada, otro atacado por palabras. Mierda. Lo dejaron bien jodido. Cómo es esto de que ahora las palabras andan atacando. Pues eso, atacando. Pero es que no me lo imagino. Así, de pronto saltan de los libros o de los cuadernos. No chingues. Sí. Yo a veces me las quedo mirando y tienen como que manos, como cuerpos casi completos. A mí la que más miedo me da es la eme. Porqué?. Es como si fuera un orangután. No lo había pensado. El qué. Eso lo de la eme. Pinches palabras. Yo por eso ya no leo. Ah no, yo tampoco. Ni escribo. Yo lo voy a dejar. Pero hazlo, piensa en tus hijos. Pinches palabras.

18. Pared de Bar

Cuántas cosas pueden caber en una mirada que se queda suspendida en ningún lugar. Qué avalancha de imágenes se pueden suceder entre unas pupilas y cualquier espacio de una habitación, de un bar, de un recuerdo. El aprendiz de escritor se preguntaba todo esto por no preguntárselo a su amigo, que antes fue preso pero que antes fue libre. Estaban en la mesa de El Último hace un par de noches. –Ey, dónde estás. –Estaba pensando en el barrio, en mi hija, en la que fue mi esposa, en los amigos.

El aprendiz de escritor siempre lo ha dicho: “…la mente está bien cabrona, mira que en dos segundos pueden cruzarse tantos tiempos, tantos trocitos de fotogramas de tu pasado, como si una mágica cámara captara simultáneamente todo lo que pasa en el cruce de dos grandes avenidas”.

19. Azotea.

Las historias, es decir hay historias, que se escriben en las azoteas. Más cerca de estar más lejos de lo cotidiano, de la rutina que se come los sueños con horarios y escaparates. Ahí donde le espacio es común, y sin embargo, poco transitado. En mi azotea construimos una guarida de pequeños héroes para sí mismos: nosotros. Y en verdad lo éramos. En la misma azotea me encontré con una prima que no quería morir pero lo había intentado.

20. Desde el mar de la memoria (y un grito ahogado).

En el mar del tránsito a las esperanzas se ha quedado a habitar el alma de una niña de un mes. Junto a su madre y otros compatriotas se suma a la paulatina lista de muertos del éxodo hacia una vida mejor, a la resta que suman las estadísticas, al espacio en Sociedad de los grises periódicos. Y tengo la certeza de que existe un lugar a donde van los que mueren luchando contra la posibilidad negada. Un pedazo de tierra sin fronteras. Una mesa sin hambre. Un rincón para soñar sin ser despertado por el sonido de discursos hipócritas de falsos profetas de la bondad. Tiene que existir algún sitio donde los muertos orillados a empeñar la vida por un sueño descansen. Un sitio donde perdonen a los asesinos, y al mar, y al odio de quienes les sobreviven, y a la indiferencia.

21. A tomar el café.

Sé que hay un mundo afuera de mi coraza de ilusiones, De hecho no le temo, Pero a veces prefiero esconderme en esta casita de letras. Se puede quedar muda la razón, cuando la ignominia dispara otro misil arrebatando la vida de cientos de inocentes, cuando el suicida pone el pie en el acelerador detonando en mil fracasos la humanidad, cuando una voz da la orden de aniquilar en nombre de un vil pedazo de tela. Pueden dos manos apretarse con tristeza frente a un hijo muerto en la acera de la duda. Y el tiempo detenerse en el último trozo de aire exhalado en un hospital, para luego echarse a andar hacia donde el vacío es una manecilla de olvidos. Pueden la muerte y el dolor y la mentira firmar acuerdos políticos, convenios internacionales, treguas desde un fusil. Pueden pasar tantas cosas que den sentido al círculo del miedo o de la indiferencia.

Y el aprendiz de escritor, escribe. Aunque también podría no hacer nada, pero escribe. ¿A dónde van las letras cuando salen de su casa? ¿En qué café desayunan su esperanza?

22. Laia.

Él subió en la estación de Sants. Ella en Plaça Catalunya. Ambos se encontraron en una mirada, breve como el tamaño de las circunstancias intensas. Él sepultaba letras en una libreta cansada del viaje de ayeres. Ella apuró un poema que iba robando al tiempo mientras el tren rozaba manecillas en cada porción de una vía que no venía de ningún lugar. Cuando el mar apareció por la ventanilla él supo que era la hora de saltar al andén de las despedidas. Ella dobló la hoja, sus mejillas se llenaron de sangre y calor, sin prisas y mirándolo le puso el papel y la nostalgia en su mochila.

Él bajó en Badalona. Afuera otras historias y otras vidas pintaban el pavimento, las paredes, las puertas, los andénes. Marzo lloraba Madrid. Marzo lloraba Irak. Y nada entendían los asesinos de encuentros en un tren que pasa a la orilla del mar. Bon viatge!

Carlos Gastón Liberto

La bestia.Técnica mixta sobre madera. 215 x 340 mm

Javier García Aranda

Collages de taller. Técnica mixta. 215x150 mm.

Magallanes Espinosa Bertrán

Del bosque de los desaparecidos. Lápiz y témpera sobre papel. 450x455 mm

Ona Pagès Navarro

Fragmentos de otras historia. Tinta China y guache sobre papel. 260x360 mm

Javier Onofre Bustamante Enríquez

Códice. Tinta china sobre papel kraft. 111 x 330 mm

Raúl Campuzano Cornejo

1. 2. 3. lasdelosmartes. fotografía digital. 255x170 mm

Jorge Rojas-Goldsack

Rabia. Técnica mixta sobre papel. 220x450 mm

Federico José Xamist

Laia. Técnica mixta sobre papel. 300x400 mm